Es nuestra naturaleza innata y cultivarla es mi cometido.
Es nuestra naturaleza innata y cultivarla es mi cometido.
Me llamo ARTgentina
y te voy a contar por qué
Todos de pequeños en algún momento fuimos artistas:
pintores, bailarines, cantantes, músicos, actores, payasos, cuentacuentos, malabaristas, cocineros…
¿Recuerdas cómo nos hacía sentir?
Contentos, conectados, confiados, concentrados, cooperativos, constructivos, conmovidos, coloridos, conscientes…
Yo lo olvidé durante mucho tiempo.
Créeme.
De artista a publicista
En el primer año de carrera en la «Universidad de Bellas Artes» en Tenerife, permití que la profesora de «teoría del color» matara mi ilusión por aprender a pintar. Me dijo que no era lo mío y que me dedicara al diseño. Me dolió en el alma. Desde muy pequeña he amado pintar y diseñar me parecía frío y aburrido. Ahí le cogí miedo al color y dejé de creer en mí como artista.
De manera inconsciente cumplí su profecía. En el último año de carrera me marché como estudiante Erasmus a la HBK (Universidad de Bellas Artes en Braunschweig) para especializarme en “diseño y comunicación”. Había asumido que no iba a poder vivir del arte como tal, así que dirigí mi carrera creativa hacia un futuro más seguro: las nuevas tecnologías.
Me licencié a los 22 años y regresé a Alemania. Encontré muy rápido trabajo como diseñadora web en el departamento de ingeniería mecánica de la «TU Braunschweig». Muy pronto me vi creando la imagen corporativa de toda la universidad técnica. Paralelamente hice prácticas en la agencia Gecko Design y en la HBK, donde seguí formándome como libre oyente.
Tras 3 años en la ciudad se me hizo pequeña. Era como vivir en otra isla pero en medio de Europa y yo quería crecer profesionalmente, conocer mundo.
En Scholz & Friends (Berlín) hice mis primeras prácticas en publicidad y gané varios concursos en los 6 meses que estuve. Me sentía muy ilusionada e inspirada. Me divertía mucho crear ideas que luego se hacían realidad.
A mis 28 años ya había cumplido mis objetivos profesionales. Yo, una pequeña canaria había logrado ascender como directora artística en una gran empresa internacional de Berlín (id-media), donde además devolvían las muchas horas extra en vacaciones. Cobraba casi 2000€ al mes y viajaba varias veces al año. Trabajaba con jefazos y compañeros excelentes para clientes muy grandes. Jugábamos al futbolín en las pausas para despejarnos y cundir más. Gané varios “pitches” gracias a la confianza que pusieron en mí como profesional, a mi creatividad y a mi gran habilidad interdisciplinar.
Mi vida laboral era la que muchas personas a día de hoy podrían desear, pero no es oro todo lo que reluce.No estaba muy orgullosa de mi empleo porque sentía que mentía a las personas para vender más. Creaba para gente que ni conocía, siempre para antes de ayer y nunca para los mejores diseños. Las horas extra por campaña publicitaria y cliente eran infinitas. Tenía que ser creativa las 24 horas del día porque las buenas ideas venían bajo la ducha o durmiendo. Era imposible desconectar.
Tenía el bolsillo lleno pero el corazón vacío.
Perdí la pasión por crear, la inspiración sin forzar y el disfrute del proceso creativo.
Llegué a sentir que me prostituía.
Todo por ganar más dinero, más concursos, más ascensos…
Parecía tener todo, pero algo me faltaba. Mi alma gritaba:
¿Esto es todo en la vida?
De crisis mundial a existencial
¿Alguna vez te has parado a imaginar cómo te verías dentro de 20 o 30 años?
En el año 2008 la crisis azotó a Alemania con contundencia y en el 2009 la empresa quebró del todo. Los empleados tuvimos que decidir si seguir con nuevos compradores y peores condiciones laborales o ser indemnizados.
Mi decisión ya estaba tomada pero en el último momento dudé. Así que me imaginé con 50 años. Me vi como bailando con los brazos abiertos, el pelo suelto y muy sonriente. Estaba en el jardín de una gran casa, rodeada de personas, perros y naturaleza. Mis ojos brillaban de felicidad y plenitud.
Cuando volví a la realidad y me vi dentro de mi oficina sentada frente al ordenador, moviendo solo el dedo del ratón, casi sin contacto humano, con el pelo amarrado y seria, entendí que ese ya no era mi lugar. Así que dimití.
Suena valiente y hasta romántico, pero ahí llegó mi propia crisis existencial.
¿Qué hago con mi vida? ¡Solo tengo experiencia en diseño! ¿De qué voy a comer? Solo una cosa tenía clara: si iba a trabajar el resto de mi vida, debía
llenarme el alma, ayudar a las personas, contribuir a un mundo mejor.
En esa noche oscura del alma que duró meses, hice un viaje de introspección muy potente, desde mi infancia hasta mi presente, en busca de momentos en los me sentía plena y feliz conmigo, esos en los que se para el tiempo.
Redescubrí que mi talento innato siempre fue el arte, LAS ARTES:
la pintura, la música, la escritura, el baile, el teatro…
Lo que siempre me llenó el alma fue:
co-crear, conectar de corazón, compartir vivencias…
¿Pero cómo combinar todo eso?
¿Cómo vivir bien del arte?
De artista digital a experimental
En el 2007 descubrí cómo pintar la música por intuición pura y dura. Aluciné tanto con la interconexión de ambas artes que, en mi poco tiempo libre, seguí profundizando en ello, tanto sola como con gente, pero solo a lápiz o negro.
Durante mi crisis existencial me di cuenta de mi miedo al color. Lo afronté con una caja de colores nueva y sacando mi interior al exterior en papel infinito. Cuanto más instintivo era el proceso, mejor me sentía. Disfrutaba como una niña jugando y explorando con la izquierda, ambas manos, los ojos cerrados…
Para aliviar la ansiedad por la incertidumbre, decidí meterme en una coral y así meditar activamente, volver a sacar mi voz y rescatar lo bien que me hacía sentir de pequeña (estuve 7 años en la escuela de música). Toda mi vida he cantado y tocado la guitarra, pero con el tiempo también le cogí miedo (pánico escénico).
En lugar de la coral encontré algo mucho mejor, «Exploratorium Berlin», una escuela de improvisación y experimentación musical cuya pedagogía se basa en el juego creativo. No hay partituras ni estructuras sino pautas sencillas que sustentan la libertad de expresión individual y la sincronización grupal.
¡Brutal! Tras cada workshop yo salía
más contenta, más confiada, más conectada, más libre, más yo.
Mi visión sobre «qué es arte» se transformó de manera radical y reaprendí a
crear por crear, expresarme instintivamente, disfrutar del proceso…
Reconecté con mi voz interior y desconecté
del perfeccionismo, el miedo, el prejuicio…
De artista expresiva a artivista
Fue tal la revolución interna, que se tornó mi propósito de vida: ¡compartir mis descubrimientos y herramientas con el mundo! Si todos somos artistas, es nuestro poder innato y gracias al arte sanamos, sobrevivimos y evolucionamos… ¿A qué estoy esperando? ¡En el punto que estamos, es imperante!
En febrero del 2011 viví mi renacimiento. Logré ser autónoma en Berlín: «ARTgentina, directora artística a 360° y artista interdisciplinar» con un proyecto sobre talleres y eventos de artes expresivas que me subvencionaron. Ya me veía en mi «guagua del color» compartiendo arte por todas partes.
Diseñé toda mi imagen corporativa completamente a mano. Tardaba más pero me llenaba el alma. Quería devolver al mundo digital su parte más humana, cercana e imperfecta y unir lo clásico con lo moderno.
Mis talleres «Across Senses» iban sobre ruedas. Me sentía muy orgullosa y feliz de mi «bebé». Comencé a ganar dinero, seguridad y clientes muy agradecidos, pero en el fondo yo quería alcanzar a todas las personas posibles para generar un movimiento social a gran escala. De 10 en 10 sería muy lento y el dinero no podía ser un límite. ¡Las artes deben ser accesibles a todo el mundo!
Así llegó «ARTs rEVOLUTION» a la cafetería donde trabajé un tiempo.
Eventos co-creativos (sin lucro) para artistas y no-artistas.
El local era el escenario y las mesas estaban bien servidas.
Había colores, papeles, caballetes e instrumentos por todos lados y para todos los gustos.
Llorando de felicidad mientras fregaba tras un evento, me dije:
¡otro mundo sí es posible!
De artista social a terapéutica
En el 2010 viajé como mochilera durante 4 meses por Argentina, Chile, Bolivia y Perú para cumplir un sueño (conocer Sudamérica), una meta laboral pendiente (hacer voluntariado con niños, artes y naturaleza) y un propósito personal (desconectar para reconectar conmigo y afianzar mi autonomía para el 2011).
Mi curiosidad y sed de aprendizaje me llevaron por causalidad a «TAE Perú» (Lima) para vivir un taller introductorio de «terapia de artes expresivas», justo el fin de semana antes de volver a Alemania. Fue un proceso tan potente, mágico y revelador que sentí despertar. ¡Hallé la pieza que completaba mi puzzle!
El arte terapia, además de aunar todas las artes con la psicología, ¡me unió a mí! De repente podía interconectar las diversas técnicas expresivas que ya conocía con otras nuevas para profundizar aún más y transformar a mejor el mundo interno de las personas, sobre todo el mío. ¡Ni en sueños lo habría imaginado!
En ese punto tenía tal confianza en las artes como red (salvavidas emocional) que mi ambición como profesional era compartir mis saberes con todas las personas posibles para que se sostengan, sanen y empoderen a sí mismas sin necesitar a nadie más, siquiera a mí. ¡Así sí les ayudaba de verdad!
La decisión más consciente que he tomado fue formarme en
arte terapia transdisciplinar y desarrollo humano.
La pedagogía vivencial durante 3 años en IATBA (Barcelona)
me caló hondo, me sanó como persona y me transformó de por vida como profesional.
Durante las prácticas consolidé mi plena confianza en las artes y eso reforzó mi seguridad en cualquier tipo de sesión:
haga lo que haga y pase lo que pase, ¡el proceso creativo nos va a sostener!
Puedo caer y volver a creer
Confié en que, si era capaz de crear talleres y eventos en Alemania y España, con 3 idiomas y una caja de colores, me comería el mundo.
Creía que promoviendo mis proyectos de manera internacional llegaría a mucha gente.
Luego entendí que moverme tanto me impide cuidar mi red de contactos y clientes fieles.
NO PUEDO ABANDONAR LO CULTIVADO
PUEDO COSECHAR EN GRAN CANARIA
Desde el 2013 resido en Las Palmas (España), lo cual me ayuda a crear una comunidad que crece y darme a conocer como profesional en mi isla.
Mi propósito de «alcanzar a todas las personas posibles para compartir mis descubrimientos» sigue en pie y mi medio actual es internet.
Me obstiné en promover las artes a pie de calle para un cambio social, así que rechacé practicar en instituciones cuando me supervisora me «invitó».
Creía que no valoraba la importancia ni la urgencia de mi investigación y que me alejaba de mi meta.
Al final accedí y vi lo necesario que es ayudar dentro de las «jaulas» del sistema para salir de él.
NO PUEDO IR SIEMPRE CONTRA CORRIENTE
PUEDEN CONFLUIR EN MÍ MÚLTIPLES MIRADAS
Hoy ayudo mucho mejor gracias a que entré por el aro. Mi método personal y herramientas arte-terapéuticas son mucho más potentes todavía.
Mi meta de «dar recursos expresivos para que la gente se ayude a sí misma sin necesitar a un 3º que haga de bastón» sigue siendo mi modo de lucha.
Me lancé creando eventos sociales de manera altruista sin seguridad financiera a la larga y con un consumo de tiempo y materiales impagable.
Creía que «si haces las cosas de corazón y ayudas a otros, el dinero viene sí o sí».
Con el tiempo comprendí que contribuir es muy importante, pero pagar mis facturas también.
NO PUEDO VIVIR DEL AIRE
PUEDO CONTRIBUIR CON LÍMITES
Sigo organizando eventos co-creativos gratuitos en mi vida privada porque me/nos llena el alma y cobro sin pestañear si los hago públicos.
Mi sueño de la «guagua del color» sigue latente. Mientras tanto, las ruedas son mis pies, el volante mi corazón y co-creo allá donde voy.
¿Por qué crees que lo ponen tan difícil para poder vivir del arte y no incentivan la expresión artística en la vida cotidiana de las personas, siendo una parte esencial y de importancia vital para la salud, supervivencia y evolución del ser humano?
¿Por qué crees que las escuelas matan la creatividad y el arte es una asignatura desvalorizada donde no invierten tantas horas como en matemáticas?
¿Por qué crees que no facilitan espacios para co-crear en comunidad como hacían nuestros ancestros y ponen tantas trabas para hacer arte en la calle?
Las personas que nutren su creatividad son más resolutivas, felices e indomables.
Si tuviésemos fácil acceso a estos conocimientos, herramientas y experiencias, integrásemos el acto creativo como una necesidad tan básica para vivir como comer y dormir, y lo llevásemos a la práctica a diario… llegaríamos a ser una sociedad repleta de individuos co-creadores, conectados de corazón a corazón y súper conscientes de una verdad innegable e innegociable:
¡el «poder» está en nuestras manos!
¡Hacer arte nos empodera!
Te explota la cabeza cuando ves y sientes
el increíble poder que tiene interna y externamente el «simple» acto de crear.
Yo utilicé las artes expresivas para
construir, deconstruir y reconstruir mi historia personal y profesional para crecer…
conectar, ser más consciente y compasiva conmigo misma para poder ayudar a los demás…
compartir, comunicar y colaborar con otras personas para co-crear un presente y futuro sostenibles.
Si crear me da tanto poder, ¿a ti también?
¡Pongo mi mano en el fuego a que sí!
Puedes dar voz a tu alma potenciar tus talentos unirte más a tu gente liberar tus emociones desconectar tu mente afinar tu intuición multiplicar tus recursos mejorar tu salud llenar tu vida de vida reinventar tu día a día transformar tu mundo volver a ser un niño ser tú mismo al 100%
Yo estoy aquí para darte mi mano, inspirarte, guiarte...
¡Co-crear suma todavía más!
¡Ahora puedes informARTE de primera mano!
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